Este acontecimiento glorioso se inscribió a lo largo de los años en el registro de la perpetuidad, no como simple aventura histórica, pero como doctrina global para la recuperación de la soberanía nacional, la sujeción de la Monarquía constitucional democrática y para acabar con la ignorancia, el subdesarrollo.
Desde el establecimiento del protectorado francés en Marruecos, el 30 de marzo de 1912, el pueblo marroquí se comprometió en la lucha contra las fuerzas coloniales en las distintas regiones del Reino, con el fin de recuperar su independencia y defender los valores consagrados de la Nación.
Marruecos así conoció desde el principio de los años veinte un movimiento de resistencia popular y múltiples levantamientos de las tribus contra la soberanía extranjera, en particular, en el Tafilalet, en el Gran Atlas, Tadla y l Jbel Saghrou.
Combatientes de Boudnib consiguieron un gran número de victorias, entre 1927 y 1930, los audaces y de Khénifra, entre otras cosas.
En una inútil tentativa de romper esta unidad del pueblo marroquí y sembrar los gérmenes de la disensión religiosa y étnica, las autoridades coloniales promulgaron un dahír dicho “Berberisco” en 1930, pero el Marroquí, por el compromiso con del Trono alaouita y de los ideales de libertad y dignidad, se enfrentó con valor y valentía contra esta conspiración, atizando la conciencia nacional y reforzando la acción patriótica del movimiento nacionalista, que definió sus posiciones claras y con determinación hacia el futuro presentando las pretensiones de reformas en 1934.
Esta acción nacional comenzó apenas a perfilarse en el horizonte que las autoridades coloniales tomaron medidas represivas de las que fueron víctimas numerosos nacionalistas. El movimiento nacionalista se intensificó para constituir verdaderamente un cambio de dirección histórico decisivo.
Por el acto de la presentación del Manifiesto de la Independencia, el 11 de enero de 1944, el movimiento nacionalista subraya la coronación de la acción militante y determinada que inició bajo la conducta del Sultán Mohammed Ben Youssef y que suscitó un interés a los niveles nacional y árabe, o incluso internacional.
Preocupado de velar por la unidad de Marruecos y de demostrar el compromiso de su todo pueblo, al Norte del Reino como al Sur, a su identidad nacional y religiosa, el difunto SM Mohamed V, que Dios bendiga su alma, emprendió el 9 de abril de 1947 una visita histórica a la ciudad de Tánger, desafiando por este gesto a la vez simbólico y valiente, el colonizador y expresando el compromiso de Marruecos, Rey y pueblo, a su integridad territorial, a sus valores y a su identidad nacional.
Esta visita histórica causó tensiones entre el Palacio y la Residencia general y descubrió la posición negacioncita de las autoridades del Protectorado que lleva a contracorriente de las aspiraciones legítimas del Rey y el pueblo.
Las autoridades del Protectorado así aprovecharon la ocasión de los acontecimientos de diciembre de 1952, a raíz del asesinato del militante sindicalista tunecina Farhat Hachad, para lanzar los militantes y a los líderes del movimiento nacionalista en las cárceles o condenarlos al exilio.
El Soberano denunció abiertamente esta represión y se chocó con la arrogancia totalitaria del general Guillaume, que preparaba así con los jefes de tribus feudales la declaración del Rey. Fueron los preparativos del golpe de fuerza de agosto de 1953, exiliando al Rey y los miembros de lz familia real en Córcega en primer lugar, a continuación aMadagascar, pero contribuyendo por la misma idiotez a atizar la conciencia nacionalista del pueblo marroquí y a reforzar aún más la simbiosis entre el Marroquí y su Rey.
Las manifestaciones y las huelgas así ganaron el conjunto del Reino, señalando el desencadenamiento de las operaciones de la resistencia armada en las ciudades y regiones del país. Ante la subida de la resistencia armada, a la formación del Ejército de Liberación nacional y al lanzamiento de sus operaciones gloriosas al Norte del Reino como al Sur, se ha obligado a las autoridades coloniales a aceptar el diálogo y la apertura de las negociaciones con los nacionalistas, que consiguieron la vuelta triunfal del Soberano legítimo Fuego SM Mohamed V y la declaración de la independencia de Marruecos.
La Revolución del Rey y el pueblo representa un acontecimiento destacado y una página iluminada en los anales de la historia marroquí, en la medida en que traza una línea de demarcación entre el período colonial y la era de la independencia. Este acontecimiento permitió poner un término al yugo de la tutela y el Protectorado y la vuelta triunfal del Héroe de la Liberación, símbolo de la Resistencia SM Mohamed V el 16 de noviembre de 1955, inaugurando así la era de la libertad, la independencia y la transición hacia una etapa de la edificación y la consolidación de las elecciones y orientaciones futuro, y en este contexto se produce la recuperación de Tarfaya como una etapa crucial en el proceso del remate de la independencia y la consagración de la unidad territorial del Reino.
SM Hassan II prosiguió esta epopeya nacional, con la recuperación de Sidi Ifni en 1969 y de las provincias del Sur en 1975, gracias a la gloriosa Marche Verte, un acontecimiento grandioso que permitió hizar la bandera nacional en el cielo de la ciudad de Laayune el 28 de febrero de 1976. Esta dinámica fue proseguida en 1979 por la recuperación de la provincia de Ued Eddahab.
La conmemoración de esta epopeya, que da una imagen elocuente de la simbiosis entre el pueblo marroquí y su Rey, constituye la ocasión de rendir homenaje a la resistencia y a los grandes sacrificios hechos para hacer frente a los objetivos coloniales y para la recaudación de la libertad y la independencia.
Fuente: MAP
- Actualidad relativa a la cuestión de Sahara occidental/Corcas-