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viernes, 07 de octubre de 2022
Prensa escrita

El festival Rawafid Azawane de El Aaiún se ha convertido en un referente multicultural internacional. Entre su variopinto público se mezcla la población local, mujeres, hombres, niños y ancianos, con los visitantes, sobre todo periodistas de todas partes del mundo que se han visto seducidos por un programa sumamente atractivo. Música y naturaleza en estado puro.



La ciudad sahariana de El Aaiún entra paso a paso en la modernidad. Pero con decisión. La celebración reciente de su primer festival de cosecha propia, Rawafid Azawane, ha colocado a esta ciudad inesperadamente en una posición envidiable para proyectarse culturalmente, como ventana al mundo, desde la hasta ahora desasistida franja saharaui de dos mil quinientos kilómetros comprendida entre la ciudad marroquí de Agadir y la factoría de tendencias artísticas y sincretismo cultural que es la capital de Senegal, Dakar.

Por la capacidad de arrastre evidenciada, el nivel de los participantes y su marcado deseo de conjugar la defensa y potenciación de su patrimonio con la consecución de una plaza propia en el escenario de la multicultura, podemos hablar ya incluso de un festival de referencia para todo el África occidental. Así de ambicioso se presenta.

Con un nombre que viene a significar algo así como las fuentes o riberas de donde nace el agua, el festival recién inaugurado, Rawafid Azawane, ha supuesto un revulsivo para la población de El Aaiún como no se recuerda.

Pistoletazo de salida para todos sus habitantes, mujeres y hombres, adultos y jovencitos, pues durante 10 días la intensidad de su programación -que parecía orientada más bien a ese público ya habituado, exigente y bien arropado infraestructuralmente de las grandes capitales- no dio tregua al descanso, sobre todo entre quienes se negaban a dejar pasar esta oportunidad para aprovechar tanto, de entre tanta oferta.

La suma de cuarenta y cuatro actuaciones musicales con bandas de multitud de países, con decenas de periodistas de África y de Europa, con artistas y conferenciantes de cuatro continentes... merodeando todos, con la población local, entre un amplísimo abanico de actividades tales como conferencias, exposiciones y jornadas, talleres y certámenes -en la ciudad pero también en poblaciones de los alrededores- hizo posible una participación masiva, garantizando de paso al festival un impacto mediático internacional de notable importancia.

Actos como la más numerosa carrera de dromedarios registrada y que le ha valido el Premio Guiness, han contribuido a ello decisivamente en términos de marketing comunicacional, situando al festival en el expositor de las agencias de prensa. Allí podía corroborarse que miles de ciudadanos asistían pletóricos a un camelódromo en el que sólo valía una cosa: tener el mejor de todos los miles de dromedarios de la región. En el Maghreb, todo un rango de prestigio social.

Ya de paso, han comenzado un proyecto para hacer una selección genética y crear su propia denominación de origen, propiciando la exportación del animal y situando su carne en las mesas de países europeos y americanos.

Pero sobre todo, desde un punto de vista estructural, de este festival debe valorarse la capacidad que un evento de reciente cuño como Rawafid Azawane ha tenido en todo momento para sostener una mirada doble, dirigida hacia ese exterior internacional y necesario pero a la vez convenientemente orientada a la población local y a sus hábitos y necesidades. Complicidad orquestada desde un primer momento por la directora del festival, Hajbouha Zoubeir, y evidenciada luego en la selección de las actividades y temas de divulgación, tales como conservación de los grabados rupestres, las conversaciones entre culturas, el impulso a un turismo respetuoso con el medio ambiente o los problemas para la escolarización de los niños en núcleos lejanos.

La propia Hajbouha Zoubeir, en el ámbito de las relaciones externas, manifestó públicamente su deseo de estrechar "aún más" los lazos con Canarias, "a las cuales reservaremos un papel aún mayor en la próxima edición" del festival; que ya este año contó con la intervención musical de la canaria Parranda de Santo Domingo y la conferencia de un representante cameral canario asunto del previsto enlace marítimo que debería unir próximamente Fuerteventura o Lanzarote con Tarfaya, a sólo 250 kilómetros de El Aaiún.

Fuente: La provincia

- Noticias relativa a  la cuestión del Sahara Occidental / Corcas -

 

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